La industria del cemento vive un momento decisivo. El compromiso con la descarbonización está claro, pero el camino para hacerlo posible es complejo y lleno de condicionantes técnicos, económicos e infraestructurales. Ésta fue una de las ideas centrales que trasladó Albert Avellaneda, director de Ciment Català, durante la jornada sobre los presupuestos de carbono organizada el pasado 26 de marzo por el Colegio de Ingenieros Industriales de Catalunya. En su intervención, Avellaneda quiso poner sobre la mesa una realidad a menudo poco conocida: en el caso del cemento, la mayor parte de las emisiones no proceden del consumo de energía, sino del propio proceso químico de producción. Esto hace que la reducción de emisiones no dependa sólo de un uso más eficiente de la energía, sino de una transformación tecnológica mucho más profunda.
En este contexto, subrayó que la consecución de emisiones cero dependerá en gran medida “del despliegue de tecnologías de captura de CO₂”, advirtiendo que se trata de inversiones muy elevadas —alrededor de 400 millones de euros— con un retorno económico todavía incierto. Así, remarcó que los presupuestos de carbono representan “un reto de gran envergadura para el sector, tanto desde el punto de vista tecnológico como económico”, y que su viabilidad estará fuertemente vinculada a la capacidad no sólo de afrontar estas inversiones, sino de la existencia de las infraestructuras de transporte y almacenamiento de un factor clave para el acceso por el la actividad industrial y su capacidad de transformación.
Los nuevos presupuestos de carbono impulsados en Cataluña marcan un punto de inflexión en la política climática del país, con objetivos de reducción de emisiones especialmente exigentes para el conjunto de la industria. Este instrumento fija un límite global de emisiones de 161,6 millones de toneladas de CO₂ equivalente para el período 2026-2030, con la voluntad de alinearse con los compromisos europeos y avanzar hacia la neutralidad climática en 2050.
Desde la perspectiva de la industria catalana del cemento, agrupada en Ciment Català, es necesario que los presupuestos de carbono se desplieguen dentro de un marco realista y viable. No será suficiente con exigir objetivos ambiciosos: habrá que garantizar también las condiciones para hacerlos posibles. Esto implica disponer de infraestructuras para transportar y almacenar el CO₂ capturado, así como asegurar el acceso a una energía competitiva en precio, un factor clave para mantener la actividad industrial y su capacidad de transformación. este nuevo marco supone un reto de gran magnitud. El sector ya está inmerso en un proceso de transformación profunda para reducir su huella de carbono, con una Hoja de ruta que prevé alcanzar la neutralidad climática —e incluso emisiones negativas— en el 2050.
Sin embargo, la patronal alerta de que el actual ritmo y exigencia de las políticas climáticas puede tensionar la competitividad del sector si no van acompañadas de medidas de apoyo efectivas. Las empresas cementeras catalanas afrontan inversiones millonarias para adaptarse a los objetivos europeos de descarbonización, en un contexto de demanda interna todavía débil y con el consumo un 30% inferior a la media de la Unión Europea.
La descarbonización es sin duda una oportunidad de futuro. Pero para que sea también una oportunidad real para la industria, es necesario construir un entorno que combine ambición climática, viabilidad económica y sentido industrial. Éste es, hoy, el mensaje que quiere dar del sector: avanzar sí, pero con las herramientas necesarias para hacerlo posible.