La caída de la actividad económica como consecuencia de las restricciones decretadas por las administraciones públicas en el marco de la lucha contra la pandemia del Covid-19 castiga la industria cementera. Las estadísticas del mercado catalán correspondientes al mes de octubre, aunque provisionales, confirman una evolución negativa de todos los indicadores. En el acumulado de los últimos 12 meses, estos datos señalan una reducción del consumo (-9,8%), de la producción (-1,6%) y de las exportaciones (-16,9%) de cemento, y sitúan el sector en una posición de incertidumbre para el futuro más inmediato.

Aunque en el mes de octubre el descenso del consumo doméstico ha sido moderado (-3,6%, 193 mil toneladas en total), hay que recordar que el mercado lleva una década hundido. Y el escenario se agrava por la falta de concreción de nueve proyectos de obra pública, como explica Salvador Fernández Capo, presidente de Ciment Català: “ahora estamos sufriendo los efectos de la segunda ola de la pandemia, que se suman a las fuertes caídas que tuvo la primera ola durante la primavera. No sabemos cuánto durará esto, porque lo cierto es que vamos sobreviviendo de las obras en curso, pero no vemos renovación de proyectos de construcción de nuevas infraestructuras que ayuden a salvar no sólo nuestra competitividad como sector sino la del conjunto del país una vez se supere la emergencia sanitaria “.

Fernández Capo recuerda que la licitación oficial se ha reducido “cerca de un 30% en el último año, un porcentaje similar al de la caída de los visados ​​de edificación. Estas dos magnitudes indican la actividad futura, y ello nos hace sentir muy preocupados por la complejidad de la situación “. La incertidumbre ante el futuro a corto y medio plazo se convierte en una amenaza para la continuidad de algunas fábricas y el consiguiente empleo que generan.