El Parlamento avala que las fábricas de cemento aprovechen energéticamente los residuos. En el Pleno celebrado el pasado 5 de marzo, la cámara catalana rechazó la petición de la CUP para establecer una moratoria para “todas las autorizaciones de ampliaciones de tipología o de cantidades de residuos y de combustibles derivados de residuos con cualquier destino industrial”. El rechazo de este punto de la moción de la CUP ratifica, de hecho, la valorización energética en las fábricas de cemento, una práctica que elude depositarlos en vertedero o incinerarlos, porque así se evitan emisiones de gases de efecto invernadero y otros impactos en el medio natural. Esto es particularmente beneficioso si se trata de biomasa, que tiene un ciclo cerrado de emisiones de CO2, aunque también incluye la valorización energética de muchos otros residuos, evitando así soluciones de final de tubería.

El resultado de la votación confirma que resulta innecesario y arbitrario decretar un aplazamiento para proyectos de valorización energética que cumplen plenamente la normativa y jerarquía de tratamiento de residuos contemplada en las directivas de la Unión Europea (UE) y con vigencia en Cataluña. Los objetivos europeos marcan que la jerarquía en materia de residuos debe ser primero trabajar para reducir la generación, siguiendo con la reutilización, el reciclado y la valorización material. La valorización energética es la que evita el vertido y la incineración sin recuperación de los residuos que no pueden ser evitados en las etapas anteriores, aunque puede ser también la mejor opción ambientalmente para algunos residuos difíciles de evitar, reciclar y valorizar materialmente.

Mientras se tramita la Ley de Prevención de Residuos de Cataluña, que ha de guiar la transición hacia un modelo circular en el uso de los recursos, el aprovechamiento de residuos como fuente de energía permite a las fábricas catalanas una doble contribución social (gestión de los residuos) y medioambiental (ahorro de combustibles fósiles, más contaminantes), y ayuda a su competitividad internacional en un momento de crisis del mercado interno. Es, además, una práctica segura para la salud de las personas, ya que como demuestran los estudios realizados por varias universidades y centros de investigación de Europa y América, las emisiones producidas por la combustión de estos residuos no cambian los valores que se producen con el uso de combustibles tradicionales como el coque de petróleo. Y, en todos los casos, están siempre por debajo del umbral que marca la restrictiva normativa ambiental europea.

La Moción rechazada por el Parlamento lo fue con los votos de los grupos parlamentarios de JxCat, PSC, Ciutadans y PPC.